Periodismo de Megáfono en la Crisis EEUU-Irán

Periodismo de megáfono en la crisis EEUU-Irán I

 

El primer huracán informativo del 2020 obligó al mundo a voltear la cabeza y esperar nervioso el desarrollo de la más reciente crisis entre Estados Unidos e Irán.

El dos de enero un ataque aéreo estadounidense ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump mató al General iraní Qassam Suleimani, líder de la Fuerza Quds que es el brazo paramilitar de los Guardianes de la Revolución Iraní, argumentando que éste era una amenaza para los Estados Unidos por sus lazos con grupos que EEUU denomina terroristas, su  liderazgo en Irán y su marcada influencia en Iraq, Siria, Yemen, Líbano e incluso Gaza.Screen Shot 2020-06-29 at 21.20.24

Dada la gravedad de un evento de esta magnitud, desde  el momento en que Donald Trump anunció el asesinato de Suleimani se produjo un torbellino de reportes y noticias que, impulsados ​​por las redes sociales, generaron preocupación de un estallido de una nueva guerra o intervención estadounidense en Medio Oriente.

Las agencias de noticias internacionales y cadenas de televisión reportaban en ciclos continuos sobre el evento, advirtiendo de la posible enfrentamiento militar que podría estallar entre Estados Unidos e Irán, haciendo suposiciones sobre las consecuencias económicas, el impacto regional e incluso nombrando a ganadores y perdedores. 

¿Se desataría una confrontación militar? La televisoras y periódicos parecían indicar que era algo inminente, mientras las redes sociales hablaban de una tercera guerra mundial con hashtags y memes. Como ha sucedido en muchas ocasiones anteriores, la retórica empleada en los reportes era de histeria y belicismo a favor o en contra de cualquier partido. 

A esto se sumaron los tuits del presidente Trump quien a través de su cuenta de twitter, y de manera incendiaria, amenazaba con bombardear a quien fuera que se opusiera a Estados Unidos, mencionando inclusive la posibilidad bombardear patrimonio cultural. Todas estas publicaciones fueron circuladas masivamente en noticieros y redes sociales sin cuestionamiento o verificación alguna al justo momento de su lanzamiento. En cosa de horas, esta información era replicada, comentada y reproducida a modo en tweets y hashtags a miles de personas. 

La dinámica es bien conocida y utilizada por Trump, quien sabe que lo que sea que él escriba en la red social será inmediatamente reproducido en cadenas de noticias y repetido las suficientes veces como para actuar como slogan: en frases cortas, fáciles de memorizar. Lo que suceda después de lo escrito en twitter, si es una barbaridad, una incoherencia, o un potencial crimen (como lo es bombardear patrimonio cultural) ya no importa porque se ha repetido lo suficiente y grabado en su público objetivo, que es su público leal. 

Los siete días de crisis fueron cargados en su mayoría por una oleada de informes falsos y suposiciones de opinadores en vez de permitir que los eventos se desarrollaran, la información pudiera confirmarse y poder hacer un análisis sobre hechos y datos fehacientes. Las redes sociales se llenaban de notas de agencias, con titulares fatalistas y comentadas a modo por medios locales, en sitios de periodismo “semiprofesional” o cuenta-clicks, con rumores añadidos. Minuto a minuto se sumaban comentarios sobre una guerra inexistente, tecleos y hashtags se expandieron, a lo cual siguieron los memes que alcanzan a todo asunto serio: una puerta giratoria de superficialidad.

Entre las falsedades publicadas en Fabecbook y Twitter circulaban publicaciones  tuits que sostenían que habían muerto soldados estadounidenses en el ataque, algunos utilizando imágenes de eventos no relacionados, incluso sugiriendo que esto ponía a estados Unidos no tendría otra opción más que atacar a Irán. Opinadores argumentaban en entrevistas de noticieros americanos que si no se contra-atacaba, Estados Unidos se vería débil. Se publicaron rumores sobre el posible reclutamiento de soldados, así como fotomontajes de líderes estadounidenses anteriores que se contuvieron antes de decidir matar a Suleimani. Todo lo anterior propagando un fervor  nacionalista y racista a una velocidad bestial.

En los hechos, no los tweets, resultó que en represalia por el asesinato de Suleomani Irán atacó dos bases iraquíes donde se albergaban soldados estadounidenses. El ataque no causó daños mayores más que materiales y ninguna muerte. Y mientras en el mundo virtual se prendía fuego a las naves, en los canales diplomáticos de traspuerta, fue a través de la embajada Suiza en esta ocasión -y lo ha sido por años- que se negociaba diligentemente para asegurar que el conflicto no escalara más allá de lo ya hecho, como lo reportó el NYT en su crónica de los eventos (11-01-2020). 

 

Periodismo de megáfono en la crisis EEUU-Irán II

 

Tras las severas críticas de órganos internacionales sobre las amenazas de Trump contra el patrimonio de la humanidad, la Casa Blanca abrió la puerta con una conferencia de prensa el miércoles 8 de enero donde Trump advirtió primeramente que no permitirá que Irán se haga de armas nucleares y sea una amenaza para los Estados Unidos. Seguidamente sostuvo que Irán se había “contenido” tras la represalia y por tanto no había intención de escalar más el conflicto. Aún así, recalcó que se impondrán nuevas sanciones económicas al país persa. 

Por lo tanto, los ataques de ojo por ojo se han detenido por el momento, aunque las ciento setenta personas que murieron en un avión, cuyos nombres desconocemos en su mayoría, cuya ausencia sólo se ha sentido en sus familias y quienes han recibido apenas una toma de responsabilidades por parte del gobierno iraní. En lo que concierne a esta crisis, el avión ha sido un accidente lamentable nada más. 

Sin embargo, el daño que se hace con cada crisis en la carrera por las publicaciones último momento nos muestran de manera tangible la profundidad de la desinformación a la que están expuestas las audiencias y lo vulnerables que son los públicos poco críticos cada vez más capacidad para discernir entre información verdadera y falsedades.

Como apunta el análisis de medios en USA Today (08-01-2020), el aluvión de información errónea recalca que a pesar de los esfuerzos que hacen compañías tecnológicas para evitar la propagación de “fake news” y el contenido fabricado o engañoso, este sigue afectando el flujo de información que recibe a la gente. 

Cualquiera puede abrir una cuenta de twitter y modificar la información a manera de engaño, pero quienes ostentan el poder quienes están moldeando la manera en que el público consume la información a  modo, sin consideraciones sobre su veracidad. Pues en realidad ha dejado de importar si la información que las personas ven y comparten es cierta o no, siempre y cuando refleje sus opiniones. Y esto es un peligro colosal. 

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Por ahora, si bien es cierto que Estados Unidos se ha deshecho de uno de sus enemigos principales, un hombre que era muy importante para Medio Oriente, Estados Unidos no podría continuar su intención de escalar el conflicto sin romper leyes internacionales que protegen a los países de ataques no consensuados, sin prueba una amenaza probada. A pesar de que Suleimani fue asesinado argumentando que era un terrorista, lo principal de una figura como él es que era representante de un estado, Irán, que como tal continuará sus políticas y probablemente reemplazará al líder por otro agente. 

Mientras tanto, el periodismo de megáfono seguirá enfrentando el revés de su propia creación, la libertad de publicar todo, replicar todo, estar informados de todo, y apabullantemente de nada. Si se sigue usando la red social como fuente y base de la información en las salas de redacción nos hacemos estenógrafos de unos cuantos algoritmos que nos tocan la batuta. 

 

Con información de NYT, USA Today, Aljazeera y agencias.

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