Una entrevista con Alejandra Tentle de la Red de Pueblos Trasnacionales en NY.

Estados Unidos atraviesa una creciente división en torno a la aplicación federal de la ley migratoria, particularmente por las prácticas represivas de la administración del presidente estadounidense Donald Trump que se han ensañado contra las comunidades latinas. La ampliación de las operaciones de detención y los notorios esfuerzos de deportación han desatado protestas y reavivado el debate político a nivel nacional.
Según una encuesta de The Economist y YouGov, del 4 de marzo de 2026, el 50 % de los estadounidenses se muestra parcial o totalmente a favor de abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), frente a un 39 % que se opone a su eliminación. Los datos reflejan un giro significativo en la opinión pública y evidencian que las críticas a la agencia de migración han trascendido los círculos activistas permeando en el debate político general.
Mientras los críticos denuncian prácticas excesivamente punitivas de ICE y posibles abusos a los derechos humanos, los defensores sostienen que una aplicación estricta de la ley es clave para la seguridad fronteriza y el estado de derecho. En un contexto donde la inmigración vuelve a ocupar un lugar central en la agenda nacional, la encuesta confirma la creciente polarización en torno al papel de las autoridades migratorias federales. No obstante, cabe recordar que tanto el debate como la política migratoria actual son también resultado de las leyes y reformas impulsadas por gobiernos anteriores.
A lo largo de más de un siglo, la política migratoria de Estados Unidos ha evolucionado de un enfoque centrado en regular la entrada de personas y proveer mano de obra barata a un sistema estructural de deportación y control fronterizo. Desde el Programa Bracero en la década de 1940 hasta la Ley de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA) de 1986, se buscó integrar a quienes ya estaban en el país, pero con medidas que encarecen y complican el cruce de la frontera, transformando la migración temporal en asentamientos permanentes.
En los años noventa, las leyes de 1996 y la consolidación del procedimiento de “removal” bajo Clinton convirtieron la deportación en un proceso rutinario, mientras que tras el 11-S la migración se vinculó a la seguridad nacional con la creación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la expansión de ICE durante la era Bush. Bajo Obama, las deportaciones alcanzaron récords históricos, aunque se introdujeron programas como la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) para proteger temporalmente a jóvenes hijos de migrantes, reflejando la tensión entre el discurso reformista y la continuidad del aparato de expulsión.
Con la llegada de Trump al ámbito político, la migración se presentó desde su campaña como una amenaza. Durante su primer mandato se ampliaron detenciones y redadas, y durante la pandemia se aplicó el Título 42 para expulsiones rápidas sin asilo. Biden, en su administración, suavizó esta retórica y, si bien, buscó retomar la política de deportación de prioridades, enfocada a no deportar a todas las personas sin documentos por igual, sino establecer prioridades sobre a quién deportar primero (como en el periodo de Obama), aún en su administración siguió el marco legal de 1996 y la lógica de seguridad nacional frente a la migración permaneció intacta.
En el contexto actual de políticas y retórica trumpistas, con un aparato de ICE que, si antes estaba autorizado para operar con amplias facultades, como detenciones sin orden judicial en espacios públicos por faltas migratorias, ahora opera con un sistema de contratistas privados en detención, transporte, centros operados por empresas privadas y cárceles locales. Bajo las políticas recientes, en la segunda presidencia de Trump, esto se ha expandido significativamente. De esta manera, ICE ha tomado las riendas de la aplicación de la deportación masiva, especialmente en las comunidades latinas, dejando a la gente, con y sin papeles, desprotegida. Con ello, la migración latina en Estados Unidos, en el transcurso de un siglo, ha pasado de ser un fenómeno económico a un asunto de seguridad nacional, consolidando, con apoyo bipartidista, un aparato de control y deportación masiva que afecta no solo a Estados Unidos, sino también a México y Centroamérica, con consecuencias sociales y humanitarias profundas.
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Para profundizar en la situación de los derechos de los migrantes en Estados Unidos y los desafíos que enfrentan las comunidades latinas, LADO B platicó con Alejandra Tentle, historiadora y activista afromexicana radicada en Nueva York. Originaria de la Ciudad de México, su trayectoria está marcada por la defensa de los derechos humanos, la justicia social y la visibilización de las comunidades racializadas.
Alejandra Tentle es miembro de la Red de Pueblos Trasnacionales, una organización liderada por personas migrantes que trabaja para garantizar el reconocimiento y la protección de los derechos de millones de integrantes de comunidades indígenas y rurales que viven en Nueva York, impulsando el acceso pleno a derechos y una mayor inclusión social.

En entrevista a distancia, realizada el 23 de marzo de pasado, Tentle expone, desde su experiencia, un enfoque crítico sobre cómo la violencia de género, la discriminación racial y la exclusión histórica impactan de manera diferenciada a las personas latinas migrantes. Asimismo, vincula estos cuestionamientos con las contradicciones en torno a los derechos humanos, frente a actitudes xenófobas y políticas restrictivas que afectan a las personas migrantes tanto en su país de origen, México, como en Estados Unidos.
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Bilhá Calderón (BC): Comenzamos esta conversación sobre la actual política de migración en Estados Unidos, para poder conocer, desde su experiencia dentro de una organización como la Red, el tipo de trabajo que realizan. Y también poder entender cómo se desarrolla el fenómeno que está atravesando la comunidad latina con la implementación de la política de migración actual.
Entonces, nos gustaría, si usted quisiera compartirnos: ¿cómo ha sido su trayectoria como migrante y su inmersión en el activismo por los derechos humanos?
Alejandra Tentle (AT): Yo migré hace 2 años, en un momento que era post pandemia, cuando muchas cosas en Estados Unidos eran ya bastante diferentes. Las dinámicas sociales habían cambiado después de los años de encierro. Yo llegué a Estados Unidos tras una historia de activismo en México, que antes no estaba ligado a la migración. Sin embargo, sí tocábamos temas de política pública migratoria de México por el perfilamiento racial. Un perfilamiento racial que vivimos aquí en Estados Unidos y que vivimos también en México, pero del que no se habla mucho. Porque yo vivía esta persecución que estamos viviendo aquí en Estados Unidos, pero desde México, porque allá no me creían mexicana. Allá, incluso para tomar cualquier autobús, me pedían mis papeles y me decían que por qué no cargaba mi pasaporte, que mostrara mi identificación, [me acusaban de que mi INE] no era real, que seguramente era clonada. Me llegaron incluso a amenazar con el narcotráfico, que si yo no demostraba que era mexicana, me iban a dejar pasar al camión, pero que ellos no se hacían responsables si los narcos, cuando hacen las detenciones en las carreteras, me hacían algo. Es algo muy fuerte, muy pesado, que se vive en la población afromexicana en temas migratorios, desde nuestros propios países y que la gente no sabe, no se da cuenta o simplemente se hace de la vista gorda, porque no es algo que vivan ellos en sus experiencias diarias por ser mexicanos. Entonces, mis experiencias con migración han sido desde que yo vivía en México siendo mexicana, donde las personas hacían un perfilamiento racial hacia las personas afrodescendientes de otros países y creían que yo era de esos lugares.
Y mis primeras luchas como activista fueron porque yo formaba parte del Centro de Estudios Afroamericanos Tembembe de la Red de Mujeres Afrodescendientes de la Ciudad de México. Como historiadora, hice algunos libros hablando sobre la historia afroamericana para infancias. Hablamos también de salud sexual y reproductiva en mujeres afromexicanas. Hacíamos también diferentes eventos en escuelas para que la gente se autodefiniera como afromexicana, porque muchas de las luchas también eran: ¿cómo vas a decir que eres afrodescendiente?, si te han negado tu historia, nunca te la han dicho, esta se ha bloqueado en México.
Pero era muy diferente el poder defenderme yo allá, y decir “claro que soy mexicana”, y con groserías y lo que fuera, yo me tenía que defender ante estas personas, a como lo hago aquí en Estados Unidos, donde hay otro perfilamiento racial. Las condiciones políticas contextuales son muy diferentes a las de México. Entonces ese sería el parteaguas a comparar. Porque sé que hay muchas personas migrantes en Estados Unidos que pueden decir: “esta es la primera vez que estoy viviendo este perfilamiento racial”. Para algunos es la primera vez que tienen miedo a agentes que son del Gobierno y que están dedicados únicamente a detener personas, a ICE en este caso. Y en mi caso, esto es algo que yo vivía desde México. Es algo con lo que yo he vivido gran parte de mi vida y que solo aquí vengo a confrontarlo de diferente manera. Incluso porque las personas luego no me asumen tampoco mexicana aquí.
BC: Claro. Me viene a la mente: cómo tú, afrodescendiente, vas a defenderme a mí, mexicano, de mis derechos de migrante, con todo el peso del racismo y el clasismo que vivimos y conocemos bien en México y, el cual, cargamos como migrantes al otro lado para repetirlo cuando migramos. Qué difícil enfrentarse al racismo, al perfilamiento racial en un ambiente donde se supone que tú estás abogando por esos mismos migrantes.
Organización para resistir
BC: Usted es muy joven, pero seguramente en la organización tienen los testimonios de gente que tiene muchos años, varias generaciones ya dentro del país. Entonces, ¿cómo se compara la experiencia de ser migrante y estar expuestos a estas políticas raciales ahora con lo que era en años anteriores?
AT: Pues tenemos a muchas personas en la Red de Pueblos Transnacionales que forman parte de los diversos comités. El trabajo se ha dividido en 4 comités:
- El Comité de Cuidado de las Personas, en el cual la comunidad busca maneras de cuidar, de cuidarse a sí misma a través de los servicios públicos que ofrece la ciudad, a través del servicio que tenemos de trabajo social.
- Al mismo tiempo, el Comité de Cuidado de la Salud, que, como tenemos restricciones al acceso a la salud pública, busca ayudar con nuestras propias medicinas tradicionales, con los conocimientos de las personas. Especialmente las mujeres, en general, son las que traemos este conocimiento, que se ve aquí y en este comité es palpable. La visión y el alcance de las mujeres migrantes en los cuidados propios a través de los conocimientos que tienen es importante.
- Tenemos también el Comité de Cuidado de la Cultura. Ahí realizamos diferentes actividades culturales, talleres que buscan preservar las tradiciones, que se repliquen. Pues, no porque migraron ya se va a cortar las tradiciones y las cuestiones culturales que traían las personas desde sus países.
También organizamos 2 festivales, los más grandes de la Red de Pueblos, que es el New York Clan, es un evento en el que se busca tener todas las danzas, la música, etc. Es una feria donde hay comida, hay bebidas, hay artesanías, hay arte que representa a todas las culturas de las personas que conforman la Red. La red es mayoritariamente de México, pero también hay personas de Honduras, Guatemala, Argentina, etc. - Y finalmente el Comité de Cuidado de la Comunidad, que refiere a tu pregunta, porque se encarga justamente de hacer ICE-watch, que es lo que llamamos a una vigilancia comunitaria aquí en el sur del Bronx para protegernos en caso de que ICE venga y se quiera llevar a alguna persona. Si alguien ya vio que están agentes en alguna zona cercana a la Red, llaman a un teléfono que tenemos, que es “Xixctic”, que significa “colorado” en náhuatl. Lo tenemos siempre activo para cuando nos den el pitazo. Hay personas que han vivido aquí en Estados Unidos o son hijos de migrantes, o son personas estadounidenses que quieren apoyar la causa, entonces ellos van a revisar para ver que todo esté en orden, que nadie se ponga en peligro, cuando hay una alerta xixictic. Ese comité está liderado ahora por jóvenes que se llaman “Los Gavilanes”, que son hijos de inmigrantes que quieren proteger a sus papás que vivieron estas políticas migratorias cuando llegaron en los 90, en los 2000. Ellos comentan que, pues, sí se vive diferente, que siempre han vivido este miedo, esta persecución, pero que no se había hecho de la manera en la que Trump lo está haciendo ahora. Muchos incluso dicen que esta persecución no la habían sentido nunca en su vida, aunque ellos habían estado aquí desde hace 30 años, hasta este momento en que se vuelve más pesada.
Y eso que esto es en Nueva York. Es importante el contexto migratorio, pues es muy diferente a como lo están viviendo las personas en Los Ángeles, Chicago, Minnesota, etcétera, donde estas prácticas de ICE han cobrado vidas. Esto creo que se debe a que Nueva York es una ciudad santuario, entonces eso ha hecho que, si bien la vida de las personas migrantes hace 30 años fuera difícil (obviamente emigrar no es fácil), pero que estas políticas no lleguen tan pesadas. Ser ciudad santuario es como un colchoncito que les protegía. Ahora, pues, eso se ha visto mermado, no en las cantidades y formas que se ve en otros estados, pero sí que ha tenido repercusiones. Por ejemplo, la primera redada fuerte masiva que hubo aquí en Nueva York no fue contra la comunidad latina, fue contra la comunidad que venía de países africanos. Entonces eso marca un montón este perfilamiento racial. Sin embargo, a quienes agarraron primero de manera fuerte fue a la comunidad negra migrante. Y después, de manera aislada, están agarrando a las personas latinas. Y se ha visto bastante fuerte ese cambio, porque, por ejemplo, cuando recién entró Trump a la presidencia (en este segundo término), nos guardamos como si fuera cuarentena. Y eso jamás había pasado en la implementación de otras políticas migratorias del pasado.
BC: Si bien recuerdo, hicieron una manifestación de latinos en NY donde el ambiente era muy tenso, porque, pues, la gente tenía miedo.
¿Cómo ha afectado esto la vida cotidiana? Como dices, en el Bronx es un poco diferente porque específicamente ahí la comunidad latina es muy fuerte. Pero, ¿cómo ha afectado la vida cotidiana y la sensación de seguridad en otras comunidades latinas más en general?
AT:Sí ha afectado bastante. Justamente, esto que la gente comenta que nunca habían tenido que guardarse de esta manera, ni siquiera en el primer periodo de Trump. Creo que eso también afectó bastante. Porque muchos se quedaron confiados, como de: “Ay, si en el primer mandato no pasó nada, o fue leve, como en todos los demás”, refiriéndose a otros gobiernos que sí han deportado, pero que no ha sido de una manera tan agresiva o visible, ni con discursos tan violentos como lo está haciendo Trump. Entonces se confiaron muchas personas. Incluso hemos tenido casos de gente que no cree que le va a pasar nada, aunque ICE esté ahí en la puerta de su casa y los agarra. No sé si fue una táctica política para hacer creer que iba a ser igual que el primer mandato, porque se confiaron muchas personas y, pues, esas personas son las que, no todas, obviamente, pero sí algunas son a las que agarraron.
Y en la vida cotidiana se nota esto. Muchas personas a la fecha siguen decidiendo no salir. Se han creado tácticas aquí desde la red, son unas tarjetas amarillas en las que se les dice a las personas que en su vida cotidiana respeten las reglas, no manejen borrachos, que se acompañen en las mañanas, en las tardes; si salen del trabajo, que vayan en grupo con varias personas. Las tarjetas enfatizan las normas básicas de convivencia civil aquí, como un recordatorio. Porque muchas veces, cualquier infracción de tránsito, de policías, lo que sea, puede ser perjudicial. También hemos tenido casos en los que la familia se estaba guardando, pero por un problema familiar donde el hombre empieza a agredir físicamente, llaman los vecinos a la policía y entonces deportan a toda la familia.

Entonces afecta totalmente la vida cotidiana en cómo rearmar sus horarios. Incluso muchas personas fueron despedidas porque empezaron a pedir los papeles. Si antes era un poco más normal que fueran pagados “por debajo de la mesa”, ahora, con estas nuevas políticas, pues era como: “no, no nos vamos a arriesgar”, y despidieron a mucha gente.
También hay gente que empezó a decir: “pues si ya se está poniendo así, preferimos regresarnos a nuestros países”. Muchas personas decidieron en sus casas, en sus núcleos familiares “pues nos auto deportamos”. Mucha gente decidió auto-deportarse, por el miedo. O por estas promesas de Trump que dijo que iba a dar 1,000 dólares a quienes se fueran voluntariamente. Como que se empezaron a hacer un montón de noticias falsas alrededor de todo esto para que la gente, a través del miedo, se auto deportara. Muchos otros, pues, nada más siguen. Otros dicen: “no, pues ya lo que me toque, yo voy a seguir haciendo mi vida y si me agarran, pues me tocaba y adiós”. La mayoría de las personas que dicen así son personas grandes que ya hicieron su vida, ya tienen hijos grandes que ya están estables. Pero las personas que tienen hijos pequeños son las que más van con cuidado, porque capaz que ICE se lleva a uno y ¿dónde dejan a sus hijos? ¿Y si están solos? Son muchas cosas que pensar y que han hecho que muchas familias tomen decisiones tan drásticas como la auto deportación.
BC: Irse antes de que los agarren a ellos. También, uno entiende que si un adulto ya tiene hijos grandes, en teoría ya cumplió el objetivo de haber migrado, al haber obtenido una vida mejor para sus hijos. Pero cuando son pequeños, y cuando tienen que enfrentarse a, no lo sé, imaginemos que salieron del pueblo donde está el narco aquí en México, ¿a dónde regresan? ¿Cómo se quedan allá sin nada? Es una decisión extrema.
Otra limitante que los padres migrantes tienen, es tener niños que nunca han estado en su país de origen, que no hablan el idioma, ¿a qué van a venir aquí?
Policía + ICE
BC: Lo que Ud. menciona de la policía. ¿Cómo afectan las colaboraciones entre la fuerza del orden local y el ICE en la confianza de las comunidades latinas y las instituciones públicas? O sea, ¿qué confianza tiene una persona, una mujer, por ejemplo, que es golpeada en su casa, de llamar a la policía?, ¿cómo afecta esta colaboración con ICE?
AT: Bastante. Aunque legalmente en Nueva York se supone que la policía no tiene por qué llamar a ICE en algún caso común, a menos que sea criminal, la gente no confía. La gente dice: es la poli-migra, y entonces ellos van a evitar, cualquier cosa que pase, que se llame a la policía porque viene ICE. Aunque en realidad, entre comillas, eso no sea así.
No solamente con la policía, sino también en el acceso a la salud. La gente latina tiene miedo de ir al doctor, tienen miedo de ir a la corte. Y es que realmente, por ejemplo, en el hospital no llega ICE, pero en la corte sí. Hubo un tiempo muy fuerte en el que, si tú tenías tu caso de asilo o cualquier caso que tuvieras para arreglar tus papeles y tenías una cita en la corte, llegaba ICE. Entonces había esta incongruencia de: “yo estoy legalizando mi situación y aun así no me lo están permitiendo, porque voy por este caso y ya me están agarrando”. Entonces se llegó a hacer acompañamiento en la corte a través de la Red de Pueblos Transnacionales que está en alianza con “ICE Out of New York” que está haciendo este acompañamiento.
Aquí hay otro folleto que dice: “si tiene una audiencia próxima en la corte de inmigración, no tienes que ir solo”, para que de esa manera se haga una barrera física de personas que no van a detener, generalmente personas blancas, que van protegiendo a la persona que va a la corte para que no les pase nada y tengan acceso a su juicio. Pero claro, eso ha hecho que muchas personas pierdan su cita en la corte, que muchas personas no sepan de estos recursos y prefieran no ir o busquen ayuda que se haga a través de Zoom. Como mencionaba, después de la pandemia hay acceso a hacer videollamadas, sin embargo, no ha sido tan fácil cambiar una corte presencial a una corte en línea en estos casos.

Aunque [los agentes de ICE] no están en los hospitales, la gente no quiere ir a los hospitales, como que las personas no quieren ir a lugares que tengan que ver con el Estado en general, porque tienen miedo de que ahí lleguen, de una u otra manera, los agentes de ICE.
BC: La pieza que estamos presentando empieza con una encuesta de The Economist que salió a principios de mes, donde se habla de que el 50 por ciento de los estadounidenses apoyan parcial o totalmente abolir a ICE y sus prácticas.
Esto nos da una idea de que los estadounidenses, en teoría, al rechazar las prácticas de ICE, este tema está saliendo del ámbito del activismo, y que está habiendo ahora una oposición más general a estas prácticas concretas.
¿Cómo interpreta usted la opinión pública sobre ICE, y cómo podría afectar este cambio en el debate sobre la protección de los derechos de los migrantes?
AT: Es un tema bastante complejo, porque me recuerda también a los mismos migrantes que votaron por Trump. Creo que es una cuestión social, cultural, histórica de Estados Unidos e incluso de los países en Latinoamérica, de este blanqueamiento mental de querer creer que pueden vivir y estar libres como una persona blanca en general, tanto en México como acá. Y que el racismo que ha llegado desde nuestros propios países a este país se intensifica. Y luego, con discursos como los de Trump, personas que ven que están apoyando a Trump, pues obviamente hacen que se valide, que se legitime aún más este racismo, incluso entre los propios latinos.
Y luego de ver todas las consecuencias políticas y culturales de estos discursos tan fuertes, creo que la población estadounidense, tal vez me voy a oír muy pesimista, no sé si este cambio es en sí porque están en desacuerdo a que los migrantes seamos los malos o a este racismo, sino más bien por las consecuencias económicas y políticas que el país está teniendo y cómo se está viendo ante el mundo. No solamente con las políticas migratorias, sino también con las cuestiones de guerra, en los ataques y todo esto. O sea, es un entramado de acciones de Trump que no tiene que ver solamente con migración, sino con otras cuestiones políticas también, que hacen que la gente ya diga: “no, esto ya no está bien, ya no nos está conviniendo”. Sería muy inocente creer que es porque en realidad están de acuerdo en no ser racistas, anti inmigrantes, porque esto ha sido la base de la creación estadounidense, del propio país. Toda la historia del país ha sido esta lucha entre aceptar la fuerza de trabajo porque les conviene, pero al mismo tiempo criminalizar y culpar de todo a los migrantes.
Entonces sí ha habido un cambio en el pensamiento de ya no estar de acuerdo con la política de Trump, pero no estoy segura qué tanto es porque realmente quieren dejar de ser racistas, anti inmigrantes o por las consecuencias que ha traído, tanto a cómo se ve el país y las cuestiones económicas mismas del país.
BC: ¿Qué políticas tendrían que cambiar para proteger los derechos de los migrantes?
AT: Para empezar, sería quitar las políticas que ha hecho Trump en estos últimos meses, en el último año: la persecución, el perfilamiento racial, el poder que han alcanzado los agentes de ICE en la vida pública. Porque tanto te los puedes encontrar saliendo de tu casa como ahora también el tener acceso a transportarte a otro estado, a otro lugar, pues, es complicado. Y más aún, hoy, por ejemplo, inicia la política de que los agentes ICE están en los aeropuertos. Entonces cada vez se intensifican un poco más o se diversifican también sus acciones.

Pero también cómo se constituyó en general Estados Unidos, y eso sería muy complicado. Sabemos que viene de una historia colonial que no solamente ha afectado a migrantes, sino que mató a nativos, desplazó, quitó tierras. Y por eso está también esta consigna de que Estados Unidos es migrante, pero también los verdaderos estadounidenses son las personas nativas, y que los mismos colonizadores son un tipo de migrantes, y que las personas negras traídas en calidad de esclavos son una migración forzada. Entonces tendría que cambiar la base de cómo se construyó el país, y eso es muy complicado. Por ahora, lo que pensaría de inmediato como un parche sería revertir las cuestiones de migración, las políticas de migración que ha hecho Trump en el último año.
BC: Las políticas más agresivas y el discurso político, que es una de las cosas que degrada más y más el ambiente. Uno de los problemas es cómo los medios de comunicación estadounidenses retratan a los latinos.
¿Qué impacto cree usted que tiene esta representación en medios y cómo impacta la manera como otros estadounidenses ven a los latinos? Como usted bien enfatiza, no nada más los latinos que nos vemos como tales, sino los latinos que son afroamericanos, que son indígenas, que son doble y triplemente racializados.
AT: Los medios de comunicación son su fuerte, son su medio de crear narrativas y discursos [de Trump] en los que la gente cree ciegamente, porque es un discurso de poder, es una forma de dominación y también de crear miedo. Bien decía Foucault que el miedo es una forma de poder y control. Y la narrativa anti inmigrante se ha basado en la criminalización. Desde siempre, no solamente desde Trump, o sea, desde periodos anteriores de mandatos de Bill Clinton e incluso Obama y mucho tiempo atrás, desde el siglo XIX se ha criminalizado a los migrantes. Siempre los migrantes son los rateros, los migrantes son los violadores, los migrantes son los que quitan el trabajo. Cualquier cosa que le pase a Estados Unidos, no hay una responsabilidad de sus propias políticas, sino que es más fácil culpar al otro. Siempre está esta otredad. Es más fácil culpar a lo que nos es ajeno, a lo que nos es diferente y, además, a lo que rechazamos por el racismo que construye también esta nación. Es más fácil culpar y criminalizar a la persona racializada que hacernos responsables de nuestros propios actos. Y utilizan ahora a los medios que antes, pues, era a través de periódicos, la radio, etcétera, y ahora las noticias son el medio de crear esta narrativa y esta criminalización hacia las personas migrantes.
BC: Ese es precisamente el punto que tocamos sobre la migración. Estas políticas de Trump no son nuevas. Si bien es nuevo el nivel de agresividad con la que está operando ICE, estas son políticas que existen desde hace mucho. Especialmente desde el mandato de Clinton, se ha manejado esta idea de que la deportación es por la seguridad, o sea, que se ha cambiado la percepción pública y el debate sobre la migración de mirarlo como un fenómeno económico hacia una necesidad de seguridad. Los migrantes son un peligro. Los migrantes son un deterioro. Los migrantes quitan algo a otros.
Es una experiencia que ha dañado muchísimo la percepción de los latinos en Estados Unidos y su capacidad para moverse y tener confianza en el sistema que los recibe, cómo se mueven dentro de él. En lugar de permitir que hubiera una frontera permeable donde la gente entraba, trabajaba y se regresaba a su país, quizá migrar temporalmente para mejorar la vida, al imponer más y más restricciones solo obligaron a que la gente, cuando migraba, se quedara, porque si no podían volver a entrar, pues ya no podían correr el riesgo de irse o ser capturados, etcétera.
Y eso nos lleva a expandir de Nueva York al país. ¿Cómo es diferente, trabajando en redes de apoyo como lo hace usted, cómo difiere la aplicación de la ley por parte de ICE de un estado a otro? ¿Y cuál es la protección disponible para los inmigrantes latinos?
AT: Es una pregunta complicada, porque cada estado ha aplicado de diferente manera las disposiciones migratorias, de nuevo, de acuerdo a si es un estado santuario o no. También la manera en la que la gente se defiende y se protege tiene que ver con esta misma historia de cómo las personas migrantes se han defendido en cada uno de los estados y que depende totalmente de su contexto.

A diferencia de Nueva York, sí nos organizamos y marchamos, pero no llegamos a este nivel como en Los Ángeles, donde hubo esta marcha súper famosa en la que les atacaron de manera violenta y los manifestantes respondieron también de manera violenta. Y es normal que hayan respondido de esa manera, porque hay una comunidad latina muy grande y, además, es un estado donde ha habido muchos mexicanos desde mucho antes de la conformación de Estados Unidos, porque era parte de México. Entonces siento que esa misma historia que les antecede, seamos conscientes o no de eso, forma las respuestas y forma las protecciones. Sin embargo, eso también hace que se endurezcan estas políticas públicas, porque saben que la respuesta no va a ser como aquí en Nueva York. Aquí no es de esa misma manera, porque ha habido leyes que, aunque han sido duras, estamos protegidos de cierta manera. Y, por ende, la gente no va a reaccionar de esas mismas maneras.
Sí se sabe que en otros estados la poli-migra está trabajando más de cerca, pero que también depende del policía en particular, si sus convicciones políticas son de acuerdo a Trump, van a [detener o deportar] mucho más fácil que si un policía no está de acuerdo. Y ya entonces es muy complicado, porque hay muchas fuerzas policiales y muchos agentes de ICE, también latinos o hijos de migrantes. Entonces son muchas aristas, muchas ramas que considerar.
Yo no he estado personalmente en ningún otro estado de Estados Unidos más que aquí. Entonces mi conocimiento es limitado, solamente lo que llego a ver en artículos o videos, porque también mucho de esto no está siendo televisado, sino grabado por las mismas personas que están actuando, por la cercanía de los teléfonos y las redes sociales, etcétera. Que mientras las noticias reportan algún incidente, pero lo ves en internet, y ahí ya la gente que está en las meras trincheras actuando dice: “no, esto es así, así y ya está”.
Esa cercanía e inmediatez de redes ha hecho que los discursos de Trump ya se vean tontos, porque, por ejemplo, lo que pasó en Minnesota, que asesinaron a una mujer que se estaba interponiendo en el camino de ICE, pues se ve claramente en los videos que ella no atacó. Lo que sí se evidenció fue que están coludidos la policía y la respuesta médica, porque no llegaban las ambulancias.
Entonces es complicado cómo está sucediendo en cada uno de los estados, porque cada uno tiene sus formas, pero podemos ver que, al menos a nivel estatal, si están de acuerdo con eso, las fuerzas públicas se van encubriendo, y la prueba fue ahí en Minnesota. No sé si haya algún caso parecido en Los Ángeles o en Chicago, que son los lugares donde más se notó esta respuesta ante estas protestas y estas reacciones más violentas.
BC: Ahora, esta sobre documentación que tenemos tiene dos filos, que nos hace bien y nos hace mal. A veces el material acusatorio viene de los mismos cuerpos policiales, porque ellos mismos documentan lo que piensan que están haciendo bien, a lo que tienen derecho y es correcto. De veras hay un convencimiento de la gente que está ejerciendo esta violencia contra otros. Lo más preocupante es que, en el caso de Pretti, el muchacho que asesinaron en Minneapolis, estas personas de ICE que lo mataron eran latinos, eran de nombre español. Entonces uno se pregunta: ¿qué está pasando? ¿Qué está pasando con esta gente que siente la necesidad de ejercer esta violencia tan extrema contra el otro y han decidido que el otro son los mismos latinos, sin mirarse a sí mismos? ¿Cómo esta asimilación se ha convertido en un extremismo?
Migración se escribe con “M” de mujer
BC: En el mes internacional de celebración de la mujer, en este caso es importante hablar de cómo una mujer que se está formando como líder en la defensa de derechos humanos y en su comunidad ¿Qué desafíos ha encontrado Usted en esta labor como mujer migrante? Donde la migración se percibe desde México, y lo vemos retratado así en medios, como una cosa que tiene que ver con lo masculino. Los hombres son los que se van, las mujeres son las que se quedan. Pero eso ya no es así. Las estadísticas nos dicen que solo un poco menos del 50 por ciento de los migrantes son hombres.
¿Qué desafíos hay, no solamente como mujer migrante, sino también como mujer en la defensa de los derechos humanos? dentro de este tema del clasismo, el racismo, sumado al machismo, etcétera.
AT: Es bastante interesante que desde México, y que también lo veo aquí repetido, quienes se organizan, quienes lideran, son mujeres. no tanto hombres. Siempre se repite esa misma dinámica. Las que están liderando, las que están accionando, las que están organizando algo que se tenga que hacer, algo que se tenga que pelear, son mujeres. De hecho, por ejemplo, la Red de Pueblos Transnacionales, en su mayoría somos puras mujeres. Sí hay hombres, pero la mayoría somos mujeres. Yo creo que no es casualidad, porque justamente lo que nos atraviesa es el machismo, el patriarcado.
Esta conciencia social que se tiene es porque el patriarcado siempre nos ha atravesado a las mujeres de manera diferente. Claro, no va a ser lo mismo si es una mujer blanca, una mujer estadounidense, una mujer indígena, una mujer afrodescendiente, pero a todas nos intercepta de alguna manera.
Creo que estamos en un momento de la historia de la humanidad en el que en muchas esferas, o en la mayoría, algo nos ha alcanzado sobre esa lucha contra el patriarcado. Y eso ha permeado a que las mujeres tengamos esta primera conciencia social a través de cómo nos atraviesa el machismo. Eventualmente es como: “Oh, pero también atraviesa el racismo, también atraviesa otra situación”. Yo sé qué puede ser diferente para todas las mujeres, pero lo que he visto desde México hasta acá, es eso. Lo primero es que se piensa, se concientiza, y luego ya se va expandiendo a todas las demás cosas que nos puedan atravesar. Eso ha hecho que sean las mujeres quienes se organizan, quienes tienen ya alguna experiencia previa, tal vez aquí en Estados Unidos no, pero sí en México, ahora que atraviesa la inmigración, pues también se mezcla con esa experiencia.
Ese no fue mi caso. Yo en México no era migrante, tenía violencias porque creían que era migrante. Pero aquí, que ya soy migrante, entonces lo sumo a mis luchas y a lo que me atraviesa, y creo que eso ha pasado a muchas mujeres. También se suma la cuestión patriarcal de que los hombres no dicen lo que sienten, no ven, incluso estas actividades piensan “Ay, no, que lo hagan las mujeres”. Aunque ahí también existe la cuestión de las demandas del trabajo, que es también una realidad.
Entonces son muchos contextos, muchas formas de vida muy diferentes, incluso aunque seamos personas del mismo país, yo no vivo las mismas violencias que pudieron pasar mujeres al momento de cruzar la frontera a Estados Unidos. Ya sabemos que hay muchas violencias sexuales, incluso secuestros, pero que tienen que ver porque son mujeres. Y también otras cosas, como la violencia sexual aquí, que no se compara con Ciudad de México, por ejemplo, pero que se vive, y se vive de diferentes maneras.
Entonces sí, tenemos violencia por ser mujeres, pero cada una lo vive de diferentes maneras. Y creo que también tiene que ver con que es un espacio multicultural aquí en Nueva York. Conviven tantas culturas, tantas formas de ver la vida, que eso también hace que el machismo se vea de cierta manera que tal vez en nuestros países no. Que se espere, por ejemplo, que por ser latinas cocinemos, limpiemos. Existe este estereotipo de que las latinas ya, por default, sí cocinan y sí limpian, a diferencia de otras mujeres de otras partes del mundo.
Es triste porque muchas migrantes también tenemos esta idea de conseguir a un marido para que nos dé los papeles, etcétera. Y con tal de llegar a eso, las mujeres sí cocinan, sí limpian, pero porque además viene de una parte cultural, al menos de México, donde sí nos enseñan eso. Entonces es difícil romper estereotipos o romper barreras cuando además eres vulnerable, no solamente por ser migrante, sino también por ser mujer o por ser indígena o afrodescendiente. Es complicado. Cada historia va a ser diferente, pero sí hay una intersección entre el racismo, el machismo, el clasismo, los sentimientos anti inmigrantes y cómo se ven afectadas nuestras vidas. Y además, a veces muchas mujeres ni siquiera son conscientes de todo eso, simplemente se normaliza.
BC: Por supuesto, estas políticas migratorias represivas al final dejan a comunidades, mujeres, a personas indígenas o afrodescendientes, mucho más marginadas en cuestión de derechos por la misma discriminación estructural.
AT: Porque muchas mujeres incluso no lo saben. O sea, puede ser que una mujer que sepa leer inglés, se meta a leer sus derechos o cómo obtener los papeles, etcétera, pues es más fácil que reaccione ante eso y que diga: “Ok, ya estoy informada, me pasó esto, está mal, pero puedo hacer esto al respecto”. Pero una mujer que llega sin saber inglés, incluso a veces sin saber español, que está sin trabajo, que no sabe dónde investigar, etcétera, se queda sin acceder a estos derechos.
Entonces algo que hacemos, por ejemplo, aquí en la Red de Pueblos Transnacionales es la interpretación en idiomas originarios indígenas, para que las mujeres tengan acceso a sus derechos, sepan, se enteren, porque llegan sin saber español y sin saber inglés. Entonces, en la Red están interpretando en náhuatl, en tu’un savi (mixteco), en mam, que es de Guatemala, y en garífuna, de Honduras. Por ahora, son solo estas cuatro lenguas, precisamente para que, si una mujer o cualquier persona, aunque la mayoría de las veces son mujeres, necesita acceder a información, pueda hacerlo en su propio idioma. Esto resulta fundamental, por ejemplo, cuando acuden a la corte, a las escuelas o a los hospitales, para garantizar su acceso a la información.
Crédito foto principal: Rey Jaureguí | La Verdad
- Publicado en LadoB
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