Epistolario: Elisa

29 Días de aislamiento

Querida Elisa:

 Esperando que mi carta te encuentre con bien y aguantando la cuarentena entre muchas flores bellas. A pesar del encierro ¿no es hermoso ver cómo el mundo afuera florece? Nuestra rosa amarilla brilla en el jardín como muestra de que la naturaleza no se detiene por nosotros. Me gusta mucho la orquídea que mandaste. En el centro de Puebla hay una florería llamada “La Orquídea” que, desde que recuerdo, expone en su vitrina unas orquídeas espectaculares y siempre que uno pasa por ahí se queda impregnado del perfume de la tienda. Cuando vengas debo recordarme de llevarte ahí. 

En esta casa es el día 29 del aislamiento voluntario. La novedad de las primeras semanas se ha disipado y en su lugar queda una rutina lenta, como un largo suspiro en el desierto, caliente, pesado, con un horizonte plano y despejado al frente. He dejado de hacer planes. 

La conexión a internet ha estado fatal en casa en estos días, probablemente porque todos estamos colgados de la red y aferrados al “exterior” con nuestros celulares. Llevo algunos días días sin enterarme de mucho de lo que sucede afuera. En un momento en que el periodismo es una de las pocas maneras en que tenemos acceso al exterior y la información, parece irresponsable no enterarse debidamente de lo que pasa. Mi periodista interior me grita con reclamos de culpabilidad mientras el resto del cuerpo me insiste en que sólo hay tanto que puedo controlar ahora. 

Limpio la casa, ordeno obsesivamente, me da el mal del trapito al menos dos veces al día, lavo los platos, lavo los platos, lavo los platos otra vez. Cada vez que me veo a mí misma recogiendo cosas del piso, me recuerdo sonriendo de mi amiga Pilar que gritaba contentísima “¡Orden y progreso!” cuando veía satisfecha que todo había quedado en su lugar. ¿Sigues trabajando? Me imagino que todo en la academia está suspendido por ahora. Será interesante ver como se reintegran las actividades “no esenciales” cuando esto pase. ¿Pasará?

Ahora, en plena crisis, creo que es difícil visualizar lo que vendrá después, si la normalidad, si el mundo quedará trastocado. Si en casa las cosas caminan con una nueva normalidad en que jugamos, comemos, tratamos de integrar actividades educativas, hablamos mucho, vemos menos tele de la que hubiera pensado… quizás el mundo también se haga de una normalidad nueva.

Yo por ahora leo mucho estos días, cosa que agradezco poder hacer. Sigo leyendo el libro de Rea y Ferri “La Tropa”, donde los autores se preguntan ¿por qué mata un soldado [mexicano]? Se cuestionan lo que sucede cuando a los soldados rasos se les pasa la mano y terminan matando a los interrogados, o algo sucede durante un operativo y terminan matando con exceso de fuerza a personas inocentes, o, a culpables que a causa de la violencia desmedida quizás nunca llegan a ser juzgados.

 ¿Qué es lo que da paso a la saña? Pienso en los ataques al personal médico y de limpieza que en esta crisis se ha visto expuesta a la mezquindad de quienes dicen defender espacios pero parecen buscar pretextos para abusar y violentar a otros. 

Escucho a mi pequeño cantar las cancioncitas de hacer la nana y es mejor que vaya a verlo. Perdona esta carta larga. Me queda claro que es afán de costumbres de otro tiempo. Algún día servirán nuestras cartas para recordarnos que nuestras necedades de viejas, como limpiar la compra y hacer paseos al final de la calle, se originaron en estos días.

Siempre

Bilhá

Publicado en Periodismo Hoy: http://periodismohoy.com/para-elisa/

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