Y al final Hugo Chávez tenía razón

Bilha Calderón 

Lado B

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela en enero de 2026, que incluyó bombardeos, la captura del presidente Nicolás Maduro y operaciones simultáneas contra petroleros y sanciones al país sudamericano, marca un hito histórico en América Latina y constituye una confirmación de lo que Hugo Chávez advirtió repetidamente durante su vida política: la injerencia directa de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela y en la región hemisférica sería siempre una amenaza latente y concreta. 

El impacto político, geopolítico y económico de esta intervención confirma que las advertencias de Chávez sobre la posible injerencia y agresión directa de potencias externas no eran meras exageraciones retóricas. Si bien el contexto histórico y las motivaciones puedan ser objeto de debate, el hecho de que la intervención haya ocurrido y que el poder militar y político de Estados Unidos se haya desplegado de manera unilateral confirma una de las principales preocupaciones de Chávez: que la soberanía venezolana nunca estaría completamente fuera del alcance de intereses globales más poderosos.

Desde su llegada al poder en 1999, Hugo Chávez colocó en el centro de su discurso político la idea de que Estados Unidos actuaría contra gobiernos que no se alinearan con sus intereses geopolíticos y económicos, aliando bajo estas ideas a gobiernos latinoamericanos como el bolivariano, el cubano y el brasileño, por mencionar algunos. 

Durante su mandato, Chávez hablaba abiertamente de espionaje, amenazas militares y conspiraciones extranjeras para derrocar a su gobierno, que en su momento se interpretaban a nivel internacional como mera retórica política, como teorías conspiracionistas y argumentos para aferrarse al poder. Ahora, los acontecimientos del 3 de enero de 2026 en Venezuela obligan a mirar  esas advertencias con otra perspectiva, aunque es posible que ni Chávez mismo haya imaginado que su pupilo protegido, Nicolás Maduro, sufriera un golpe como el que estamos presenciando.

Durante décadas, Chávez denunció la “doctrina Monroe” en acción: la pretendida justificación de acciones estadounidenses en el hemisferio en nombre de la seguridad nacional de ese país, el control de recursos estratégicos y la contención de modelos políticos distintos al liberalismo occidental, específicamente estadounidense, en cualquier faceta que este se encontrara. 

La operación militar en el país sudamericano, ordenada por el presidente Donald Trump y ejecutada con fuerzas especiales y bombardeos sobre Caracas, pone de manifiesto que la capacidad de intervención no es teórica sino real, incluso en pleno siglo XXI. 

La agresión en Venezuela muestra que el gobierno de EEUU actuó sin la autorización de un organismo multilateral de seguridad global, como lo es el Consejo de Seguridad de la ONU, ni la autorización explícita del propio Congreso norteamericano, evidenciando las fracturas estructurales que hay en las organizaciones internacionales de regulación de conflictos, las alianzas y los órganos multilaterales. 

Esto, sin duda, refuerza la idea de Hugo Chávez que por décadas argumentó que las potencias hegemónicas pueden tomar decisiones unilaterales, ignorando tanto el derecho internacional como los mecanismos pacíficos de resolución de conflictos, aún en tiempos en que se supone que las alianzas y acuerdos entre naciones lo hacían imposible. En otras palabras, la amenaza no era solo propaganda, sino una posibilidad concreta de intervención militar estratégica, especialmente cuando están involucrados intereses económicos y geopolíticos como el petróleo.

El reciente ataque a Venezuela ha confirmado que, en nombre de la lucha contra el “narcoterrorismo” y la estabilidad democrática, una potencia puede justificar la invasión y la captura de un jefe de Estado soberano, trasladándolo a su territorio para enfrentar cargos judiciales en tribunales propios. Esto a pesar de que el narcoterrorismo, aunque grave y objeto de persecución internacional, no es una justificación legal válida para la intervención militar en otro Estado, como bien lo delinea la Carta de la Organización de Naciones Unidas, donde bajo el derecho internacional moderno, la única base reconocida para el uso de la fuerza sin autorización multilateral es la autodefensa frente a un ataque armado real e inminente. El narcotráfico no cumple con ese umbral ni con las exigencias de proporcionalidad y necesidad que la ONU establece.

Dicho esto, la forma adecuada de abordar el narcoterrorismo es a través de cooperación judicial, implementación de tratados internacionales, apoyo institucional y fortalecimiento del Estado de derecho, no mediante invasiones unilaterales. La intervención militar bajo la excusa del narcoterrorismo socava normas fundamentales, debilita la soberanía de los Estados y allana el camino a arbitrariedades que pueden desestabilizar aún más regiones enteras

Por ello, para Chávez, que durante años acusó a Washington de buscar controlar los recursos naturales de Venezuela, este episodio valida su argumento sobre cómo se pueden reinterpretar principios como la soberanía y la autodeterminación cuando están en juego intereses estratégicos.

A su vez, esta intervención ha expuesto la profunda polarización dentro del hemisferio occidental. Mientras algunos líderes regionales han respaldado las acciones de Estados Unidos como una forma de restablecer la democracia, muchos otros países y organismos internacionales criticaron la medida por ser violatoria de los principios del derecho internacional. 

La división entre apoyo y rechazo mundial demuestra que el temor de Chávez sobre la posibilidad de que Venezuela quedase aislada y sin aliados fuertes no era exagerado, sino algo que se manifestaría de forma fehaciente cuando la presión geopolítica alcanzara un punto crítico. Además, la reacción de organismos como la ONU subrayando que la intervención socava principios fundamentales del derecho internacional indica que la narrativa chavista sobre la vulnerabilidad de Venezuela frente a poderes más grandes no era infundada.

Chávez insistía en que el imperialismo no solo se basa en ocupaciones territoriales directas, sino también en el control económico, especialmente tratándose de recursos estratégicos como el petróleo. Hoy, Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, y la intervención de 2026 ha venido acompañada de movimientos estratégicos sobre la industria petrolera, con acuerdos que permitirían exportaciones de crudo a Estados Unidos bajo condiciones definidas por Washington. Esto confirma la idea de Chávez de que la verdadera lucha no era solo política, sino sobre quién controla los recursos energéticos y cómo se distribuyen sus beneficios.

Si bien es posible criticar la intervención por haber violado el derecho internacional y haber generado sufrimiento adicional a la población que aún se encuentra en la incertidumbre, también es cierto que el hecho de que Estados Unidos haya intervenido directamente, sin ambigüedad, en el territorio venezolano refuerza la posición estratégica que Chávez defendió toda su carrera política. Por ello,más allá de las simpatías ideológicas, es necesario insertar en la conversación pública la confirmación de que la amenaza de intervención estadounidense era real, y como tal,  es un punto que difícilmente puede negarse en un análisis desapasionado.

Publicado en: LadoB
Link Original: https://www.ladobe.com.mx/2026/01/y-al-final-hugo-chavez-tenia-razon/

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