Gaza: El hambre como arma de guerra

Bilha Calderón 

Lado B

Cuando cae la noche en Gaza, las familias palestinas hacen recuento de lo que han comido durante el día. Especialmente se hace escrutinio de lo que comieron los niños y del agua que consiguieron tomar. Algunos se van a dormir sin comer, el hambre haciendo huecos en la mente que trata de racionalizar el dolor para aplacarlo, sabiendo que el sufrimiento de esta noche fue por dar de comer a quien lo necesitaba más: a los bebés, a los niños, a los enfermos o ancianos que no pueden procurarse el alimento por sí mismos. 

Ahmed, de 29 años, es un joven ingeniero, casado sólo un año antes de que estallara la guerra en octubre de 2023. Su vida debía ser diferente, quizás con hijos en camino y balanceando la independencia de una pareja joven que ahora, en vez de construir hacia el futuro, debe cubrir necesidades básicas de su familia extendida diariamente.

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“Mi hogar fue destruido por los continuos ataques aéreos y ya no tengo un lugar al que regresar”, cuenta Ahmed a Lado B a través de mensajes de texto. “Mi trabajo, que era mi fuente de ingresos, ya no es posible, y la situación es extremadamente difícil” continúa. “Tengo que vivir en una tienda de campaña, ya que con la destrucción de la infraestructura y la falta de servicios básicos la vida es insoportable” dice el joven enviando una fotografía del lugar donde ahora está viviendo con sus padres, hermanas y esposa, en una tienda de refugiados, frente al edificio derrumbado donde solían vivir antes de la guerra. 

hambre, una arma de guerra

El día a día para los palestinos en la franja de Gaza transcurre esencialmente en la búsqueda de alimento, agua, combustible para cocinar, en la limpieza de la tienda de campaña, mantenimiento de fosas sépticas, y volver a  repetirlo cada día con más hambre y cada vez más calor. Tras un año y medio de guerra, los palestinos han pasado del horror de los bombardeos y el desplazamiento, a la hambruna, la enfermedad y la desesperación. Ya no existen las casas que alguna vez los vieron crecer. De las calles que trazaron sus ciudades no queda más que polvo flanqueado por escombro de edificios, autos, basura, tiendas de campaña improvisadas y gente que va y viene tratando de conseguir comida a toda costa para alimentar a sus familias. 

Pero en Gaza no hay comida.

Hambre, un arma de guerra

Durante los últimos 17 meses de guerra en la Franja de Gaza, Israel ha utilizado repetidamente el control sobre la entrada de alimentos y ayuda humanitaria internacional como medio para ejercer presión colectiva sobre la población palestina. La situación se agravó en marzo de 2025, cuando el acuerdo de tregua alcanzado entre Hamas e Israel se rompió bajo acusaciones mutuas de incumplimiento. Israel entonces comenzó la nueva faceta de operación militar llamada “Operación Carros de Gideón” (מבצע מרכבות גדעון en hebreo) en la que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se plantean destruir la capacidad militar y de gobierno de Hamas y tomar el control de tres cuartas partes de la Franja de Gaza. La operación implica el uso conjunto de fuerzas militares por tierra, aire y mar. 

Sin embargo, más allá de las acciones militares, Israel introdujo una nueva táctica como arma de guerra: el hambre, usando una simulación de operación humanitaria dirigida a la población palestina en situación extrema, con el objetivo de continuar atacando y desplazándola.

Para ello, Israel ordenó la interrupción total de la ayuda humanitaria, alimento, medicinas y combustible, lo que ha provocado la desnutrición severa y condiciones similares a la hambruna, como lo reportan expertos en seguridad alimentaria  a través de la Clasificación Integral de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF). Además, Israel denunció a las organizaciones de ayuda humanitaria internacionales como partícipes en el conflicto e infiltradas por el “terrorismo”, dígase miembros de Hamas, para justificar el cierre de todo acceso a alimentos y medicinas. No obstante, pese a los intentos del gobierno israelí para desplazar a organizaciones humanitarias como la UNRWA, la principal agencia de la ONU para los refugiados palestinos, así como UNICEFOxfam y World Central Kitchen, estas entidades no han sido formalmente expulsadas, pero se han visto imposibilitadas para operar debido a las restricciones impuestas por Israel.

Inevitablemente, la comida comenzó a escasear de inmediato. Lo poco que se podía conseguir de harina, verduras o enlatados empezó a subir de precio en unos cuántos días. Lydia, de 32 años, una madre gazatí de con dos niños, ha explicado a Lado B que hasta ahora, siendo que los palestinos no tenían más acceso a dinero en efectivo o bancos, quienes tienen la posibilidad de comprar comida lo hacen accediendo al dinero virtual que les llega a través de donaciones, GoFundme o plataformas similares. Luego, con la ayuda de apps y cash-apps, pueden acceder al dinero, pagando comisiones de hasta 40% de lo que se quiera usar para poder hacer sus compras. Como ejemplo, Ahmed nos muestra en una fotografía donde se puede ver que incluso las cebollas se cobran por mitades, por cuartos o trozos mientras la harina se compra a sabiendas de que está agusanada, rancia o sucia. Pero siendo que hace meses que no entra alimento, medicamentos ni combustible en Gaza, ahora ni siquiera la compra a precios exacerbados es posible. 

Cuando las acusaciones del uso de hambre como arma de guerracomenzaron a apilarse en la opinión pública y organizaciones, así como medios internacionales, Israel sustituyó el bloqueo con un plan donde se haría del control total de la “ayuda humanitaria” alimento y medicinas que se permitirían entrar a la franja. A finales de mayo comenzaron las entregas limitadas de harina blanca y alimentos enlatados. La mayoría de estos suministros han entrado a la Franja de Gaza bajo la supervisión de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF por sus siglas en inglés), un consorcio de ayuda privatizado, esencialmente un instrumento de control concebido supuestamente para eludir la intromisión de Hamás en la entrega de ayuda humanitaria, bajo la protección de empresas de seguridad privadas estadounidenses, así como de tropas israelíes. Esto ha resultado en una dinámica en que los suministros humanitarios se canalizan a través de milicias como la de Abu Shababun grupo de choque creado, financiado y armado por el mismo Israel. El acceso a la ayuda ahora depende del registro biométrico y la aprobación política de estos grupos. Bajo su coordinación, el GHF ha establecido cuatro centros de distribución en el centro y sur de la Franja de Gaza.

La táctica es sencilla. Los camiones con comida se van acercando a los puntos de “distribución”, guiados a través de los llamados «corredores seguros», donde se les organiza en filas para distribuir asistencia únicamente a quienes han sido previamente seleccionados por los encargados del operativo. Ahí, decenas de miles de personas se congregan, a menudo esperando días, solo para que muchos se marchen sin nada. Estando ya cerca de los lugares de distribución, la gente generalmente corre hacia los camiones en cuanto los detectan, desesperados por apoderarse de cualquier cosa antes de que se agote. En numerosos casos las fuerzas israelíes han abierto fuego contra la multitud, antes e incluso durante la distribución, matando a decenas de personas mientras luchan por recoger apenas unos kilos de harina o comida enlatada. Estas masacres, que ahora son casi diarias, han sido excusadas por el ejército israelí bajo el pretexto de contener el desorden en la muchedumbre o justificando ataques dirigidos a combatientes de Hamas a unos metros de donde la gente esperaba ayuda causando masacres de niños y familias enteras.

Cabe recalcar que las entregas de cargas de alimento son completamente insuficientes para la población de aproximadamente de 2.1 millones de personas a lo largo del territorio gazatí, donde, en el mejor de los casos, esa entrega se hace en condiciones degradantes y terriblemente inseguras. 

Como resultado de estas prácticas en los centros de distribución de ayuda humanitaria, tan solo desde finales de mayo, casi 900 palestinos han muerto, aproximadamente 6 mil han resultado heridos al intentar acceder a ayuda humanitaria y hay al menos 40 desaparecidos, así lo ha reportado la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Esta táctica, cruel e inhumana, considerada esencialmente una trampa para matar a los gazatíes, usando su hambre y desesperación para llevarlos a espacios donde se les dispara indiscriminadamente, se les ataca con drones y se propicia el caos, ha sido interpretada por diversos analistas como parte de una estrategia de limpieza étnica.

Uno de los incidentes más mortíferos ocurrió el 17 de junio, cuando las fuerzas israelíes lanzaron proyectiles de tanques, disparos y ataques con drones contra una multitud en Khan Younis, matando a 70 personas e hiriendo a cientos más.

Ese día Ahmed fue por harina. No quería ir. Todos sabían que era peligroso.

En medio del bloqueo informativo y de energía que hubo a la Franja de Gaza, mientras Israel abría un nuevo frente de guerra con Irán, Ahmed se armó de valor y fue a donde se distribuía la comida. “Fui a buscar ayuda y comida. Abrieron fuego y una lluvia de balas. Casi muero. No hay comida ni bebida. Vivimos en una hambruna indescriptible. Arriesgamos nuestras vidas para alimentar a nuestras familias y escapar de la muerte”, cuenta sobre el incidente.

Ahmed compartió con Lado B un video que él mismo grabó ese día desde donde él se encontraba. En la grabación se puede ver a cientos de personas agazapadas en la arena, entre ellos niños y mujeres, con cazuelas, bolsas o cajas en las manos. Algunos tratan de adelantarse hacia donde otros miran con atención. El sol es intenso y se escuchan tiros a lo lejos pero no se logra ver exactamente de dónde. Miles de personas tiradas en el piso expectantes se mantienen en posición mientras otros al fondo comienzan a correr.

“Grabé el video cuando fui a buscar comida para mi familia desde zonas peligrosas para que pudiéramos comer y sobrevivir. Pero el ejército israelí nos atacó y abrió fuego intenso contra nosotros”, relata el joven. El video es similar a muchas de las imágenes que en las últimas semanas se han mostrado en redes sociales y en algunos medios de información, donde se hace denuncia de estas prácticas israelís en la franja de Gaza.

Al preguntarle si el sonido en la grabación eran disparos o maquinaria, Ahmed respondió: “Sí, era el sonido de disparos hacia nosotros, así que nos cubrimos y nos tumbamos en el suelo. Cualquiera que se acerque a los puestos de ayuda será fusilado inmediatamente”. “Salimos a buscar comida y bebida y nos exponemos a la muerte. Necesitamos ayuda, por favor”, pide Ahmed.

–¿Cuánta comida lograste obtener? Pregunta la reportera.

–No conseguí nada. Me escapé. Había una muerte segura y el lugar es muy peligroso. Son trampas mortales y hay arrestos, explica Ahmed. Si vas allí, podrías ser asesinado, herido de muerte o arrestado. Fui una vez y luego no volví. Juro que necesito comida y bebida, y no las consigo. Necesito alimentar a mi familia y no puedo. No puedo. No tengo dinero. Nuestros cuerpos están delgados por la falta de comida.

Algunos días después Ahmed volvió a escribir con enojo y frustración: “Toda la gente se dirige a buscar comida para saciar su hambre. Vivimos una verdadera hambruna y un desastre humanitario. Es muy difícil en Gaza. No hay comida ni bebida. Vivimos un desastre en toda la extensión de la palabra. El país está destruido y no hay señales de vida. Vivimos por debajo del umbral de la pobreza. Nos vemos obligados a exponernos al peligro para obtener lo mínimo. El mundo injusto no nos escucha ni escucha los gritos de nuestros niños y mujeres. Estamos siendo asesinados.”

***

El hambre es hambre, e Israel lo sabe. No hay impiedad más potente para los gazatíes que el saber que el alimento, la abundancia incluso, se encuentra a sólo unos kilómetros de sus tiendas de refugiados donde hoy cuentan las migajas. Para dar un ejemplo: el gran supermercado de Sderot en Israel se encuentra a 2.9 km. de la cerca de Gaza, a 5.5 km. del centro de Beit Hanoun y a 8.8 km de Jabalia, algunas de las áreas más pobladas de la franja. Esto quiere decir que el centro comercial israelí, donde hay alimento en cantidades, está a una distancia promedio de 20 minutos, lo que maneja un residente de una urbe común en México para hacer su despensa. 

Hasta el cierre de este reporte, se han contabilizado cerca de 59 mil palestinos fallecidos como resultado de ataques israelíes, en su mayoría civiles, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud de Gaza. La marcada desigualdad de las partes durante este conflicto ha llevado a la Corte Internacional de Justicia a investigar denuncias de genocidio contra Israel y a la Corte Penal Internacional a emitir órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. No obstante, hasta el momento, ningún gobierno ha ejecutado dichas órdenes.

En julio, Israel ha anunciado su plan de crear campos de concentración llamados “zonas humanitarias”, donde pretende meter “voluntariamente” a todos los no combatientes de Hamas, asegurándose de que no estén armados o representen un peligro, hacinando, de esta manera, a cerca de dos millones de gazatíes en una sola fracción de la Franja de Gaza para su posterior expulsión y, al mismo tiempo, dándose justificación legal para exterminar a todo aquel que no entre en los campamentos de concentración. 

Las acusaciones de genocidio contra Israel han crecido en los últimos meses, pero las prácticas en el terreno, como las descritas por Ahmed, parecen seguir contando con el beneplácito de Estados Unidos y de la diplomacia internacional, que continuan operando sin emitir mayor consecuencia para Israel y permitiendo la masacre del pueblo palestino.

Para Ahmed, las acrobacias diplomáticas no tienen ningún efecto. Su esposa requiere de una operación que él no puede proveer: “Necesito viajar urgentemente para escapar de esta situación catastrófica, pero viajar requiere dinero, especialmente para cruzar hacia Egipto, que impone elevadas tasas a la población de Gaza”.

En nuestra última conversación, hacia finales de junio, el joven ingeniero Ahmed súplica: “Desafortunadamente, la situación no ha mejorado. Los bombardeos continúan toda la noche y temblamos de miedo y ansiedad. Nos llueven proyectiles y misiles desde todas partes. Podríamos perder la vida en cualquier momento. El miedo nos rodea. Mi casa fue bombardeada. Ya no tengo hogar, trabajo ni ninguna fuente de ingresos. Hoy solo he conseguido un poco de comida; apenas para saciar nuestra hambre. Necesitamos ayuda, necesitamos ayuda. Por favor, no me olviden.”


Nota de la reportera: 

Estimado lector o lectora, 

Si, tras leer esta pieza, Usted quisiera ayudar a Ahmed, quien amablemente accedió a entrevista en condiciones muy difíciles para prestar testimonio de lo que ellos viven en Gaza, Usted puede hacerlo en este link de GoFundMe https://gofund.me/8927e43e

Usted también puede apoyar a Lydia y su familia, quien con esfuerzos nos logró explicar las dinámicas de manejo de dinero en Gaza para esta pieza. Su link de apoyo es este: https://gofund.me/27c3f522

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